El moquillo
es una enfermedad vírica muy peligrosa especialmente para los
cachorros. Se vacuna rutinariamente de esta enfermedad, pero se han
dado casos de afección aun en ejemplares adultos vacunados.
A pesar de ser muy conocida y estar muy estudiada, no existe una tratamiento
efectivo una vez ha sido contraída por el perro.
CAUSA
El moquillo canino está provocado por un paramixovirus con
múltiples cepas potencialmente infecciosas. Su capacidad de
propagación es extraordinaria, además de poseer una
desarrollada capacidad de permanencia en el ambiente. Ello permite
que sea una de las enfermedades víricas más contagiosas
durante períodos de tiempo prolongados. Además, está
muy extendida por todo el mundo.
Existen multitud de cepas del virus del moquillo potencialmente productoras
de la enfermedad; por eso puede manifestarse de múltiples formas:
como una enfermedad subclínica (sin síntomas), de modo
que nos pase inadvertida si el perro posee un potencial inmunitario
en perfectas condiciones, o causando la muerte súbita del animal
en caso de que su sistema inmunitario no reaccione adecuadamente.
PERÍODO
DE INCUBACIÓN
La forma más habitual de contraer la enfermedad es inhalando
el virus que se encuentra en una partícula flotando en el ambiente.
Una vez dentro del organismo canino se extiende por el sistema linfático.
El período medio de incubación de la enfermedad varía
entre una y dos semanas, aunque se conoce la posibilidad de que tarde
hasta veintiún días en manifestarse.
SÍNTOMAS
Uno de los primeros síntomas fáciles de detectar es
el aumento de la temperatura corporal; a su vez, aparecen trastornos
gastrointestinales y respiratorios conjuntamente, si bien pueden darse
por separado. El perro suele perder el apetito y el ánimo.
Asimismo, se dan cuadros de conjuntivitis y rinitis, combinados o
no con vómitos.
Si el sistema inmunitario del animal reacciona convenientemente, a
partir de este momento apenas se apreciarán más síntomas
de enfermedad; en cambio, el virus puede extenderse con mucha virulencia
y provocar tos aguda, gran cantidad de secreciones oculares y nasales,
depresión intensa, mucha pérdida de peso y deshidratación,
junto con una gastroenteritis severa, en ocasiones hemorrágica.
Si la enfermedad continúa su evolución, aparecen trastornos
nerviosos, causados por una encefalitis aguda, como movimientos musculares
involuntarios, rigidez muscular, incoordinación de los miembros,
etcétera.
Otros síntomas paralelos, aunque no siempre se dan, son un
manto opaco, con heridas abiertas en el abdomen o la hiperqueratosis
(agrandamiento y endurecimiento) de las almohadillas plantares.
Tratamiento
La ciencia veterinaria no conoce un tratamiento totalmente eficaz
contra el moquillo, si a esto se añade el hecho de que no todos
los ejemplares reaccionan igual ante una infección de este
virus, los tratamientos para erradicarla son muy diferentes. Normalmente
se opta por administrar un tratamiento sintomático y de resistencia,
con miras a aumentar el poder inmunológico del perro, además
de administrar antibióticos de amplio espectro para prevenir
posibles infecciones oportunistas.
Si en la evolución de la enfermedad se desarrollan trastornos
nerviosos, la muerte del perro es casi segura; en caso de que éste
superara dicha fase, es muy probable que en el futuro sufriera secuelas
nerviosas.