Tanto la parvovirosis como la infección causada por coronavirus
son dos enfermedades causadas por virus. Ambas afectan al aparato
digestivo y son de transmisión directa entre individuos. Su
frecuencia y gravedad las han convertido en tristemente populares.
PARVOVIRUS
Es uno de los virus caninos de menor tamaño que se tiene conocimiento.
Puede permanecer activo durante meses y su medio de transmisión
es directo, bien heces-boca o a través de las manos del cuidador
o de su ropa. La parvovirosis se puede manifestar de dos formas diferentes:
una digestiva y otra miocárdica.
Parvovirosis miocárdica
Este tipo de manifestación apenas se da básicamente
por la inmunidad que proporciona la madre al cachorro. Sólo
suele aparecer en cachorros recién nacidos, en los que la muerte
se produce de manera fulminante, o en los muy jóvenes debilitados
por algún otro motivo. Esta circunstancia hace que en muchas
ocasiones no sea diagnosticada, porque la muerte de los cachorros
de tan corta edad apenas se estudia mediante autopsia.
Parvovirosis entérica
Esta es la forma de presentación típica de la enfermedad.
Su extensión es rápida, puesto que sus medios de difusión
son los sistemas circulatorio y linfático; al intestino llega
entre el tercer y el cuarto día, y ya en ese momento el animal
expulsa virus en sus heces, antes incluso de mostrar síntoma
alguno de enfermedad.
En un principio, los síntomas pueden ser falta de apetito y
depresión. Paulatinamente van apareciendo vómitos y
diarreas, éstas de carácter hemorrágico; asimismo,
es muy frecuente la aparición de fiebre.
Su tratamiento suele ser de mantenimiento, procurando aumentar el
poder inmunológico y mantener los niveles de hidratación
adecuados. Si el cachorro supera los tres días de tratamiento
es muy probable que una semana después se encuentre prácticamente
recuperado.
CORONAVIRUS
Es menos frecuente y grave que la parvovirosis; en cambio, en lugares
con una densidad de población canina de hacinamiento puede
convertirse en un problema muy grave. La vía de propagación
es idéntica a la del parvovirus: las heces de animales infectados;
se extiende con la misma rapidez y por los mismos sistemas; en cambio,
sólo afecta a las células epiteliales maduras del intestino.
Los síntomas son semejantes a la parvovirosis, pero la presencia
de sangre en las heces es menos frecuente y el índice de leucocitos
suele mantenerse en los niveles normales.
El tratamiento es de mantenimiento y sintomático, aunque la
respuesta del cachorro es mucho más rápida que si sufriera
una infección por parvovirus.